VIVE EL SUEÑO, DESDE AHORA

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VIVE EL SUEÑO, DESDE AHORA

Vive y piensa

Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, Y nuestra lengua de alabanza; Entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos. Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; Estaremos alegres.”  Salmos 126:1-3 

¿Qué es lo que pasa que nosotros, los creyentes, dejamos de soñar?  Dejamos de aspirar a las cosas grandes de Dios para nuestra vida.  ¿Cómo son los que sueñan?  Su boca está llena de risa.  ¿Cuándo fue la última vez que tú te reíste?  No sonreírte, sino reírte.  Una cosa es simular que estás feliz; pero ¿cuándo fue la última vez que realmente te reíste?  Los que sueñan, viven llenos de risa.  ¿Cuándo fue la última vez que tu lengua se llenó de alabanza?  No es que cantes los coritos en la iglesia, sino que recuerdes algo que Dios hizo y comiences a alabar, a darle gracias.  ¿Cuándo fue la última vez que tu alabanza y tu alegría han sido tales que la gente se ha sorprendido de lo que Dios está haciendo contigo? 

El salmista dice: Seremos como los que sueñan.  Y los que sueñan están llenos de alegría.  ¿Cuándo fue la última vez que estas cosas se reflejaron en tu vida?  Estas son características de aquellos que sueñan.  Pero el salmista comienza diciendo: Cuando.  Así que, el pueblo estaba esperando para soñar cuando Dios los liberara; no tenían un sueño para ser libres, sino que estaban esperando que Dios los libertara para entonces soñar.  Ellos están diciendo: Cuando Dios nos libere, vamos a ser como los que sueñan.  O sea: Ahora no vamos a tener alegría, ahora no vamos a reír, ahora no vamos a alabar, ahora no vamos a ser testimonio; vamos a esperar que Dios nos libere, y cuando lo haga, será como vivir un sueño.  Aquí no están hablando de tener un sueño, sino de la experiencia de libertad que hace que una persona piense que está soñando.  El problema es que, cuando se acaba la experiencia, dejas de soñar con lo que puedes alcanzar, te reduces a tu realidad, y piensas que algún día lo tendrás, y que cuando eso pase, entonces vas a soñar.  Pero, ¿y qué si tú puedes ser como los que sueñan aunque estés cautivo?  Sabiendo que Dios te va a libertar, tú puedes decidir no esperar a ser como los que sueñan cuando se manifieste el sueño.  Tú puedes ser como los que sueñan desde ahora.  Desde ahora, comienza a soñar porque tú tienes por seguro que Dios te va a libertar, y el sueño lo habrás vivido primero en la cautividad, y luego en la manifestación; y serás feliz desde allí hasta que se manifieste. 

Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sion. Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas. Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos algunos de los cánticos de Sion. ¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños? Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, pierda mi diestra su destreza. Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no enalteciere a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría. Oh Jehová, recuerda contra los hijos de Edom el día de Jerusalén, cuando decían: Arrasadla, arrasadla hasta los cimientos. Hija de Babilonia la desolada, bienaventurado el que te diere el pago de lo que tú nos hiciste. Dichoso el que tomare y estrellare tus niños contra la peña.”  Salmos 137:1-9 

Este salmo describe la condición del pueblo, cautivo en Babilonia, esclavizado; nos da la receta para la depresión: Siéntate, llora, recuerda y cuelga tu arpa; deprimido.  En otras palabras: Deja de cantar, deja de vivir con la música por dentro.  Eso es depresión; sentarte, dejar de caminar, dejar de moverte, dejar de hacer.  Una de las mejores cosas que tú puedes hacer para combatir la depresión es levantarte, enderezar los hombros y comenzar a caminar.  Tu postura comienza a cambiar tu actitud, cambia cómo te sientes.  Pero si te sientas a recordar que antes las cosas eran diferentes, que si no hubiera pasado tal o cual cosa, todo sería diferente, te deprimes.  Hay eventos del pasado que no debieron pasar, que son trágicos y no los esperábamos, pero pasaron, y hoy tú no te puedes sentar a lamentarte, a pensar que algún día las cosas van a cambiar, que van a ser mejor.  Tiene que haber un momento donde la iglesia se levante y sea como los que sueñan.  No nos sentemos, no nos detengamos de hacer lo que tenemos que hacer.  No llores las penas de lo que te ocurrió, de lo que sucedió.  Hay cosas que no debieron haber pasado, cosas que uno no entiende por qué pasan; pero tus lágrimas no van a cambiar tu situación.  No puedes seguir llorando; tienes que moverte hacia delante.  La Biblia dice en Salmos 84: Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente,…  Tiene que haber un momento donde tú digas: Tengo que seguir caminando, trabajando; tengo que dejar de lamentarme y no puedo colgar mi arpa.  Colgar el arpa es cuando ya tú no llevas la música por dentro.  Nada te debe quitar la alegría de lo que eres. 

Un sueño no los iba a librar a ellos de la esclavitud; pero la promesa que Dios les había dado de que les iba a librar, debía hacerles soñar.  Estás frustrado porque has soñado y piensas que el sueño que tú tenías era lo que te iba a hacer libre, y lo que te va a hacer libre de una circunstancia no es tu sueño; lo que te hace libre de tu circunstancia es una promesa de Dios.  Pero la promesa de Dios te tiene que hacer soñar.  Soñaran o no, Dios los iba a libertar, porque ya Él lo había dicho.  El problema del pueblo era que tenían una promesa, pero no soñaban; estaban posponiendo el soñar para cuando se manifestara la promesa.  Nadie te puede prometer que un sueño vaya a cambiar tu vida; lo que cambia tu vida es la promesa de Dios.  Pero como tienes una promesa de Dios, deberías estar soñando desde ahora, y ser como los que sueñan desde ahora.  Desde ahora deberías tener risa, alegría; desde ahora deberías tener aspiraciones; en medio de tu crisis.  No te eches a llorar, a recordar; no vivas en el pasado.  Que nada quite la música que llevas dentro. 

Un sueño no te va a libertar; la promesa de Dios es la que te trae libertad.  Pero como tienes una promesa, tienes el derecho de soñar desde ahora, hasta el día que se manifieste, para ser como los que sueñan desde ahora, y no cuando se manifieste.  

Pastor Otoniel Font